Haciendo el 68

(Traducción del capítulo 68 de Rayuela)

Cuando él le usaba el lavarropas, a ella se le agolpaba el egoísmo y caían en discusiones, en salvajes insultos, en griteríos exasperantes. Cada vez que él procuraba cocinar las pastas, se enredaba en un estado quejumbroso y tenía que pararse de cara al anafe, sintiendo cómo poco a poco las ollas se iban calentando, revolviéndolas, hasta quedar tendido como el muñeco de trapo al que se le han dejado caer las piernas de costado. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se relamía los labios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus cucharas. Apenas se miraban, algo como un escalofrío los invadía, los acercaba y alejaba, de pronto era el calor, la irrefrenable atracción de los opuestos, la jadeante ansiedad del cuerpo, los instintos del estómago en una misma escena. ¡Delicioso!  ¡Delicioso! Abrazados en la cresta del deseo, se sentían flotar, jóvenes y eufóricos. Temblaba el tuco, se vencían los fideos y todo se disolvía en un profundo suspiro, en manteles de livianas gasas, en cubiertos casi crueles que los llevaban hasta el límite de las ansiedades.

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