El tránsito está terrible

Lavo su ropa, escucho sus pensamientos, ofrezco consejos, ordenar su caos, los combate. Mejor aliento sus sueños, ahora sí. Me enseña. Encontramos el tono.

Los límites me desbordan. Odio ponerme la gorra.

A veces grito. A veces lloro. A veces se me infla el pecho. A veces trago saliva.

Sola. Esto no es lo que había soñado. Falta ese hombro. Ese hombre.

Lloro otra vez. Me enojo. Duermo. Respiro. Me levanto. Seco las lágrimas. Saco los mocos. Sonrío.

Un día más del último del secundario. ¿Y después qué?

Una etapa de transición. Todo es un loop eterno de tiempos de transición. No sé hace cuánto que no freno. Apreciar la belleza de las pequeñas cosas es escalar el Himalaya.

Pongo un lavado. Preparo un sanguchito. Probá el huevo, lavate los dientes, que tengas un día hermoso. Te amo.

Puedo. Lo hago. Estoy.

Hoy en la ciudad el tránsito está terrible.

Deja un comentario